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Un maestro zen caminaba en silencio con uno de sus discípulos, por un sendero de la montaña. Cuando llegaron donde había un cedro antiguo, se sentaron para comer su merienda sencilla a base de arroz y verduras.
Después de comer, el discípulo, un monje joven que no había descubierto todavía la clave del misterio del Zen, rompió el silencio para preguntar:
“Maestro, ¿como puedo entrar en Zen?”.
Obviamente se refería a la forma de entrar en el estado de conciencia que es el Zen.
El maestro permaneció en silencio.
Pasaron casi cinco minutos durante los cuales el discípulo aguardó ansiosamente la respuesta. Estaba a punto de hacer otra pregunta cuando el maestro le preguntó repentinamente:
“¿Oyes el sonido de esa quebrada en la montaña”?
El discípulo no se había percatado de ninguna quebrada. Estaba demasiado ocupado pensando en el significado del Zen.
Entonces prestó atención al sonido y su mente ruidosa comenzó a aquietarse.
Al principio no oyó nada. Después, sus pensamientos dieron paso a un estado de alerta, hasta que escuchó el murmullo casi imperceptible de una quebrada en la distancia.
“Sí, ahora lo oigo”, dijo.
El maestro levantó un dedo y con una mirada a la vez dura y gentil, le dijo: “Entra al Zen desde allí”.
El discípulo quedó asombrado. Fue su “Satori”, un destello de iluminación. Sabía lo que era el Zen sin saber qué era lo que sabía.
Después siguieron su camino en silencio. El discípulo no salía de su asombro al sentir la vida del mundo que lo rodeaba. Lo experimentó todo como si fuera la primera vez. Sin embargo, poco a poco comenzó a pensar nuevamente.
El ruido de su mente sofocó nuevamente la quietud de su conciencia y no tardó en formular otra pregunta:
“Maestro, he estado pensando. ¿Qué hubiera dicho usted si yo no hubiera logrado oír la quebrada en la montaña?”
El maestro se detuvo, lo miró, levantó el dedo y dijo:
“Entra al Zen desde allí”.

Compartido por Eva Ka.


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“He empezado un experimento para descubrir qué es lo que me hace feliz”, dice Petri Luukkainen, el director y protagonista de la película documental My Stuff: lo imprescindible para vivir (título que inaugura la nueva temporada de El documental de mes). Con 26 años y en medio de una crisis monumental -acababa de dejarle su novia-, este joven finlandés intentó calmar su tristeza a golpe de tarjeta de crédito. No funcionó, las cosas no le dieron la alegría que había perdido. Cansado de sentirse mal, se lanzó a una apasionante aventura: descubrir qué era, en medio de su bienestar, lo que faltaba en su vida. “Compartir te hace sentir mucho más libre que poseer”, es una de las conclusiones a las que llegó este joven director después de la experiencia.

Luukkainen se deshizo de absolutamente todas sus pertenencias, excepto de su casa, las guardó en un almacén y  comenzó el experimento que grabaría. Se impuso tres reglas: durante un año todas sus cosas materiales estarían en un almacén, sólo podría recuperar una cada día y estaría prohibido comprar nada nuevo. La primera noche, cuando las calles estaban ya vacías, salió desnudo corriendo sobre la nieve hasta el depósito y cogió el primer objeto: un abrigo. Con él se cubrió y sobre él durmió.

Los estragos emocionales del consumismo

“Mis cosas empezaron a definir quién soy. Necesito espacio para pensar por qué no soy feliz”, explica el director ante la cámara, con la que graba este documento de rebelión, rebelión contra las cosas, y de testimonio de los estragos emocionales que ocasiona el consumismo. Que en las sociedades del mundo occidental no necesitamos todo lo que tenemos es más que evidente, pero ¿qué es lo que de verdad nos hace falta? La pregunta se va respondiendo a medida que avanza la película y el espectador se va preguntando qué haría él, qué cosa escogería, si estuviera en el lugar de Luukkainen.

“Al principio pensé que deshacerse de todo era una auténtica locura y que no funcionaría”“Al principio pensé que deshacerse de todo era una auténtica locura y que no funcionaría”, explicó el director en una entrevista concedida a una revista nórdica cuando se estrenó la película. “Decidí dejar veinte cosas en mi apartamento. Pero entonces empecé a pensar cuáles eran las veinte cosas más importantes. No podía decidirme. Así que guardé todo. Al fin y al cabo, el experimento era justamente eso, definir qué necesitaba en mi vida para ser feliz”.

“Me quedaría con la nevera”

En My Stuff: lo imprescindible para vivir aparece la familia y los amigos del director, cómplices indispensables en su aventura. “Después de la guerra la gente no tenía tantas cosas. Tener un puesto de trabajo ya era mucho. Al final lo acabas dejando todo atrás”, le dice su abuela, quien a la pregunta de con qué se quedaría ella, contesta: “Me quedaría con la nevera, si no, la comida se echa a perder”.

Es invierno en Helsinki, Petri Luukkainen no necesita nevera, es suficiente con colocar la comida en la parte de fuera de la ventana. No le hace falta el frigorífico. Sí saca, en días sucesivos, unas botas, un edredón, el colchón y una camisa. Ya puede ir a trabajar. Aunque no tenga calzoncillos ni calcetines, nadie se dará cuenta de eso.

“Hemos llegado a pensar si no te habrías vuelto loco. Uno siempre desea liberarse de todo, pero no es más que huir de la realidad”, le confiesa su mejor amigo, Eero, a quien, poco a poco, va extrañando menos y comprendiendo más el experimento de Petri. Una hazaña con la que este joven director sí consigue asombrar muy pronto al espectador. Y la sorpresa llega de lo rápido que el protagonista siente que tiene lo que precisa.

“Siete cosas es abundancia”

“Siete cosas es abundancia, no necesito una cosa cada día”, afirma solo una semana después de haber iniciado el experimento“Siete cosas es abundancia, no necesito una cosa cada día”, afirma solo una semana después de haber iniciado el experimento. Así, Luukkainen decidió estar diez días sin visitar el almacén. Pasado ese tiempo volvió y recuperó algunas cosas más. Entre ellas no se encuentra su teléfono móvil, un objeto que, realmente, no le hace ninguna falta. “Estoy bien sin teléfono, el problema lo tienen los demás -dice-. Se está bien cuando la gente no puede contactar contigo. Te sientes más libre”.

Día a día, durante todo un año, la curiosa investigación de Petro Luukkainen va avanzando. Nada de lo que al comienzo de esta historia parecía importante para él, lo es realmente. En su nueva vida no echa de menos los discos sin los que creía que no podría vivir, ni sus aparejos de pesca… Su felicidad no depende de ello, tiene más que ver con la relación con su familia, con sus amigos y con Maija, una chica a la que ha conocido y con la que ha empezado a salir. Tenía razón su abuela cuando le dijo que “las cosas que tienes no son indicativas de tu felicidad”, a él con “cincuenta, sesenta cosas” le basta.

“Me llamo Petri, tengo 26 años y soy soltero. Me gustan las cosas”, es la declaración del principio de My Stuff: lo imprescindible para vivir, una película que demuestra el sinsentido del consumismo salvaje en el que vivimos, y que, desgraciadamente, es motor del sistema que sostenemos. Poco antes de que termine el experimento de este joven director, en una escena en casa de su amigo, que está montando la cuna para el bebé que su pareja está a punto de tener, Luukkainen curiosea una caja, son las cosas que el Estado ha enviado para ese futuro ciudadano. Hay 57 objetos dentro del ‘lote de maternidad’, un cepillo de dientes de juguete, un cepillo para el pelo, unas tijeras para las uñas… “No está mal para empezar”, asiente el director, que ha llegado a una interesante conclusión: “Poseer es una responsabilidad y las cosas son una carga. La abuela tenía razón, tu vida no está hecha de tus cosas”.


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Mientras preparaba el desayuno, tenía ganas de llorar.

El asunto venía de antes, pero ahí fue cuando se manifestó.

Hacía meses que no lo sentía (bueno, mentira, el día anterior también, pero es parte de este proceso que voy a compartir contigo).

Así que me fui al cuarto, me senté en el piso a llorar y… sólo salieron un par de lagrimitas pírricas.

- “¡¿Qué?! ¡Con lo movida que me siento y lo que sale es esta ridiculez de llanto?”

Casi que me sentí ofendida por la falta de compasión de mi drama, que se negaba a aparecer.

Pero la verdad es que después de par de décadas de vivir sumergida en situaciones dramáticas—y los últimos años, en mi proceso de expansión de consciencia—aprendí a vivir sin drama (tanto así que cuando lo busco, ya no aparece).

Verás, sin entrar en detalles que pueden aburrirte, te explico lo que me pasa y que originó ese cuasi-llanto:

Sé lo que quiero hacer. Pero me encuentro no haciéndolo.

¿Te suena familiar? Quizá tengas “algún amigo/a” a quien le pasa… ejem…

No es en toooodo en la vida. Sólo en algunas áreas puntuales.

Pero el efecto genérico, es como el de una onda.

Como cuando lanzas una piedra al agua de un estanque en reposo, y ves las ondas que se forman alrededor de la piedra y se van “abriendo” hacia afuera, ¿sabes?

Inevitablemente, van alcanzando más y más área del estanque y “tocando” cuanto se atraviesa.

Así mismo, el estado anímico y vibracional que se genera cuando me encuentro en esos momentos de incongruencia—entre lo que quiero hacer y lo que me veo no haciendo—afecta otras áreas de mi vida.

Es viral.

No se pueden contener las ondas de las que te hablaba anteriormente.

Se escapan de nuestras manos.

Aún si pones una madera en el agua—o cualquier otro objeto que interrumpa el paso del agua—igual la onda continuará su movimiento, hacia los lados de la madera.

En pocas palabras, si me siento desalineada, incómoda, triste, molesta (o cualquiera sea la emoción), en un área particular de mi vida, esa “onda” afectará otras áreas de mi vida, aunque en esas otras, no me sienta “mal”.

La buena noticia… es que esta lógica aplica a cualquier emoción. Así que si nos sentimos alineados, entusiasmados, contentos, “positivos”… pues esas emociones también afectarán y tendrán impacto sobre otras áreas.

Esa situación de encontrarme no haciendo lo que digo que quiero hacer, generó una desalineación en mi estado que, como la onda del estanque, estaba afectando espasmódicamente mi concentración, mi fluir con lo que sucede, mi paciencia y mi contentitud.

En el pasado, este tipo de desalineación causaba crisis. Algunas incluso violentas.

Hoy por hoy, gracias a mi propio proceso de expansión de consciencia y a mi entrenamiento, ya no hay crisis, no hay arranques, no hay depresión (fui altamente depresiva en una época), ni mal humor.

Ok. Chévere. El asunto ahora es más fluido, corto y gentil pero…

¿Qué hago con lo que sé que quiero hacer y no hago?

¿Cómo me muevo, resuelvo y salgo de ese ciclo?

¿Necesito saber qué lo causa para moverme?

Las respuestas a esas preguntas, en orden son: Hacerlo. Moviéndome. No.

Para hacer lo que digo que quiero hacer… tengo que HACERLO.

Para moverme y resolver… tengo que MOVERME.

Y NO, no necesito saber la razón (la historia) por la cual hasta ahora, no me he movido (de hecho, una vez que me muevo, ni me importa cuál era esa razón). Puede ser útil y valioso, pero no es necesario.

No hay solución microondas.

Lo que hay son soluciones que pueden sentirse mágicas.

Hay caminos más largos o más cortos.

Hay formas gentiles, fluidas y expansivas, tanto como las hay ásperas, enredadas y contraídas.

Pero la única manera de hacer algo es HACIÉNDOLO.

¿Cómo?

Cada quien escoge.

Lamento decirte (en realidad, no, pero suena elegante y empático), que no vendrán las hadas madrinas a resolver nuestros asuntos mientras dormimos.

Y no porque no existan (las hadas o la magia), o porque las cosas no puedan cambiar de la noche a la mañana (¡Oh! créeme… sí pueden!), sino porque el truco…

¿estás atento?

…el truco es precisamente ATRAVESAR ese camino que queremos evitar.

Es allí a dónde está previsto que lleguemos.

No al otro lado del río. Sino AL río.

El secreto se encuentra EN el río.

Como SERes espirituales, nos expresamos desde nuestro hacer.

Si no hacemos, no nos expresamos.

No hacer, es a nuestro SER, como no respirar es a nuestro cuerpo.

Si no hacemos… es como si no respiramos.

Mi asunto no está resuelto. Me toca accionar. Me toca decidir. Me toca moverme.

En cada ahora en el que me encuentre resistiendo.

En cada ahora en el que me encuentre distrayéndome en el afuera para evitar.

En cada ahora en el que me encuentre excusándome para no entrar a ese río que me espera.

Como ahora.

En este ahora, decido terminar este artículo e ir a hacer ejercicios.

Desde el entusiasmo por saber que yo, soy más que las historias que me cuento.

¿Qué tal si compartes este artículo con alguien a quien pueda servirle para moverse? Alguien que pueda sacar de él la inspiración para sacudirse las lágrimas y soltar su historia.

También me encantará leer tus comentarios y conocer—no tu historia o tu drama ¡please!—sino si te inspiraron mis palabras a moverte… qué estrategias usas tú para hacer cuando no quieres… o cómo haces para soltar tus historias y poner tu pasión en acción :-)

¡Nos vemos en el río!

Evelyn

Fuente > El poder de ser.


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Es la historia reciente y real de Stephanie, una chica estadounidense de 26 años que vivía cómodamente hasta que se dio cuenta de que había caído en la trampa del dinero gratis hasta el punto de que ya no podía avanzar sin hacer frente al problema de la deuda. Nos cuenta su historia y cómo lo hizo paso por paso, esperando sirva de ayuda para muchos de nuestros lectores atrapados en esa misma trampa.

“A los 26 años, yo trabajaba muy duro, pensando que lo tenía todo bajo control. Aún estaba pagando mis préstamos estudiantiles y hacía uso de mis tarjetas de crédito para mis caprichos, como casi todo el mundo.

Mis padres no tenían dinero para pagarme la universidad, pero eso no impidió que asistiera a la Universidad de Maryland para obtener mi licenciatura en Antropología. Como tuve problemas para obtener becas y subvenciones, finalmente tuve que hacerlo con préstamos estudiantiles que se suelen conceder a un bajo interés.


Una vez acabé mi carrera, conseguí un trabajo de 50.000 dólares anuales y vivía como cualquier persona. Salía con mis amigos, compraba caprichos y me iba de viaje mientras pagaba el mínimo de mis préstamos, además del mínimo de mis tarjetas de crédito. Todo me iba bien.

Hace 3 años conocí a un chico con el que comencé a tener una relación. Llegó el momento de hacer planes juntos, cambiarme de ciudad para vivir con él, etc… Este chico era un amante de las finanzas y cuando salió el tema de mi deuda, llegó hasta el fondo y descubrió un problema al que yo jamás le dí importancia.

Este chico sumó todas mis deudas en un hoja de cálculo y el resultado fue como una bofetada, ya que el total de mis deudas era de 90.000 dólares, lo que me convertía en una persona sobre-endeudada para los bancos al ser muchos préstamos pequeños. De continuar pagando únicamente los mínimos de mis deudas, hubiese tardado más de 10 años en quitarme todas estas deudas, sin contar con los intereses.

Mi novio me demostró cómo cada año estaba más endeudada en lugar de menos, a pesar de que hacía frente a los pagos, una situación muy común en personas endeudadas, por lo que me propuso un plan en el que únicamente tardaría 3 años en quitarme esas deudas por completo.

Ordenamos las deudas de mayor a menor interés, por lo que en primer lugar tenía las tarjetas de crédito, 15% de interés, préstamos personales, un 9% y finalmente los préstamos estudiantiles que se habían dividido , entre un 2% y un 3,5%. Había que hacer desaparecer esas deudas por ese orden.

Los trucos para pagar mi deuda.
Mis préstamos estudiantiles van desde los 3.000 hasta los 20.000 dólares del préstamos federal y algunas tarjetas de crédito desde los 3.000 hasta los 9.000 dólares, que al ser la mayor tasa de interés, sería lo primero en quitar.

Comencé a hacer un presupuesto de mis gastos mensuales, para intentar buscar la forma de ahorrar entre 500 y 1.000 dólares mensuales y sumarlos a los 800 dólares que pagaba de mínimos en los créditos.

  1. Alquiler: Dejé mi piso en el que vivía yo sóla y me cambié a un piso más pequeño, en un barrio más barato y busqué un compañero de piso para cubrir gastos. Con esta medida reduje a la mitad el gasto de piso.
  2. Cable y prensa: Cancelé mi suscripción de televisión por cable y de la prensa que recibía en mi domicilio. Gracias a internet, desde mi ordenador podía tener ambas cosas.
  3. Gimnasio: Dejé de pagar los 95 dólares mensuales del gimnasio y comencé a hacer ejercicio en casa y al aire libre.
  4. Teléfono y seguros: Limité el uso de llamadas y datos hasta recortar mi factura telefónica en 30 dólares, además de quitarme algunos de los seguros que estaba pagando. Reduje también el seguro del coche en unos 80 dólares con otra compañía.
  5. Entretenimiento: Cambié mi forma de divertirme. Noches de fiesta en casa con los amigos e intentando disfrutar mucho más por el día los fines de semana, haciendo senderismo u otro tipo de actividades más sanas que salir hasta las 6 de la mañana entre copas. No sólo conseguí ahorrar dinero, sino que conocí a otro tipo de personas que me aportaron cosas distintas.
  6. Viajes: Me encantaba viajar, y de esto no quise prescindir al menos una vez al año, pero sí que recorté el período de vacaciones y gracias a Internet, encontré distintas páginas donde se ofrecían viajes Low Cost para grupos de personas. Nuevamente, ahorré en mis vacaciones y conocí a muchas personas nuevas, gente muy interesante.

Una vez hechos los recortes en mis gastos, ahora debía buscar la forma de ganar un dinero extra para poder aumentar al máximo mis ingresos y poder quitarme las deudas lo más rápido posible.

  1. Niñera: Me dí de alta en página especializa en servicios de niñeras, donde trabajo varias horas a la semana cuidando niños en mis ratos libres y se paga bien.
  2. Estudios científicos: Me apunté a todos los estudios científicos que pude, donde se suelen pagar desde 50 hasta 150 dólares por ser parte de los experimentos (siempre que no llevaran riesgo).
  3. Freelance: Me apunté en diversas páginas online de trabajos freelance, donde algunas empresas pagan por un trabajo hecho o por escribir un artículo relacionado con una temática en concreto. Eso se me daba bien y podía hacerlo también en mis ratos libres.

En mi empresa se dieron cuenta de lo que estaba haciendo y apreciaron mi fuerza de voluntad para trabajar tan duro, por lo que cuando había alguna tarea de importancia dentro de mi empresa para ganar un dinero extra, me la solían ofrecer.

Algunos meses conseguí más de 2.000 dólares de dinero extra (no todos), pero gracias a este esfuerzo en unos 6 meses conseguí quitarme las deudas de mis tarjetas de crédito, lo que me permitió bajar el duro ritmo de trabajo y comenzar a quitarme el resto de mis préstamos.

Mi nueva vida
En la actualidad me encuentro libre de deudas y ya tengo algunos ahorros. Ahora muchas personas me preguntan cómo lo he hecho, y al verdad es que no es fácil, pues algunas semanas trabajé hasta 20 horas extra además de las 40 horas semanales de mi trabajo. Mi única recompensa era ver cómo estaba cumpliendo mi objetivo.

¿Valió la pena este esfuerzo?, desde luego que sí, pues de lo contrario aún estaría pagando esas deudas y probablemente continuarían creciendo.”

Fuente > 1000ideasdenegocios.com

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Si no quieres enfermar…
Habla de tus sentimientos.

Emociones y sentimientos que son escondidos, reprimidos, terminan en enfermedades como: gastritis, úlcera, dolores lumbares, dolor en la columna.
Con el tiempo, la represión de los sentimientos degenera hasta el cáncer.

Entonces, vamos a sincerar, confidenciar, compartir nuestra intimidad, nuestros “secretos”, ¡nuestros errores!…

El diálogo, el hablar, la palabra, ¡es un poderoso remedio y una excelente terapia!

Si no quieres enfermar…
Toma decisiones.

La persona indecisa permanece en duda, en la ansiedad, en la angustia. La indecisión acumula problemas, preocupaciones, agresiones.
La historia humana es hecha de decisiones.
Para decidir es preciso saber renunciar, saber perder ventajas y valores para ganar otros.
Las personas indecisas son víctimas de dolencias nerviosas, gástricas y problemas de la piel.

Si no quieres enfermar…
Busca soluciones.

Personas negativas no consiguen soluciones y aumentan los problemas.
Prefieren la lamentación, la murmuración, el pesimismo. Mejor es encender un fósforo que lamentar la oscuridad.
Una abeja es pequeña, pero produce lo más dulce que existe.
Somos lo que pensamos. El pensamiento negativo genera energía negativa que se transforma en enfermedad.

Si no quieres enfermar…
No vivas de apariencias.

Quien esconde la realidad: finge, hace poses, quiere siempre dar la impresión de estar bien, quiere mostrarse perfecto, bonachón, etc., está acumulando toneladas de peso…
Es una estatua de bronce con pies de barro.
Nada peor para la salud que vivir de apariencias y fachadas. Son personas con mucho barniz y poca raíz.
Su destino es la farmacia, el hospital, el dolor.

Si no quieres enfermar…
Acéptate.

El rechazo de sí mismo, la ausencia de autoestima, hace que nos volvamos ajenos de nosotros mismos.
Ser uno mismo es el núcleo de una vida saludable.
Quienes no se aceptan a sí mismos, son envidiosos, celosos, imitadores, destructivos.
Aceptarse, aceptar ser aceptado, aceptar las críticas, es sabiduría, buen sentido y terapia.

Si no quieres enfermar…
Confía.

Quien no confía, no se comunica, no se abre, no se relaciona, no crea relaciones estables y profundas, no sabe hacer amistades verdaderas.
Sin confianza, no hay relaciones humanas.
La desconfianza es falta de fe en sí, en los otros y en Dios.

Si no te quieres enfermar…
No vivas siempre triste.

El buen humor, la risa, el reposo, la alegría, recuperan la salud y traen larga vida.
La persona alegre tiene el don de alegrar el ambiente donde vive.
“El buen humor nos salva de las manos del doctor”.
La alegría es salud y terapia.

Sé feliz, sonríe, ama y disfruta de la naturaleza, del sol, de la lluvia, del viento, de la luz de las estrellas y de la luna; en una palabra, vive…

Compartido por Andrea Gonzalez en el grupo.

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“Simplemente recuerda que el cambio es vida. Cada momento permanece disponible a lo nuevo. Dale siempre la bienvenida a lo nuevo para que el cambio pueda continuar”

Lo que la gente hace es simplemente lo opuesto: se aferra a lo antiguo; entonces el cambio se detiene. El cambio es con lo nuevo. Con lo antiguo no hay cambio, pero las personas se aferran a lo antiguo porque eso parece seguro, cómodo, familiar. Has vivido con ello, así que lo conoces, te has vuelto diestro en su manejo, experto. Con lo nuevo puedes cometer errores; ¿y quién sabe adónde puede conducir? de ahí que surja el miedo, y debido a ello la gente se aferra a lo antiguo. Y en cuanto te aferras a lo antiguo, dejas de fluir.

Permanece disponible a lo nuevo. No dejes de morir al pasado. ¡Está acabado! Ayer, sí, es ayer, y nunca podrá volver. Si te aferras a él, morirás con él; se convertirá en tu tumba. Abre el corazón a lo que llegue. Dale la bienvenida al sol naciente y dile siempre adiós al poniente. Si recuerdas esto, la vida no deja de crecer, de madurar. Cada paso nuevo, cada nueva aventura, aporta una riqueza nueva. Y cuando la totalidad de la vida es movimiento, en el momento en que llega la muerte uno es tan rico y ha conocido algo tan tremendamente definitivo, que esta no se puede llevar nada. La muerte solo le llega a las personas que no han vivido.

Osho

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Si piensas..

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Si piensas que estas vencido, lo estas.
Si piensas que no te atreves, no lo harás.
Si piensas que te gustaría ganar,
pero que no puedes, no lo lograras.
Si piensas que perderás, ya has perdido.
Porque en el mundo encontraras que el éxito
comienza con la voluntad del hombre.
Todo esta en la actitud mental.
Porque muchas carreras se han
perdido, antes de haberse corrido.
Piensa en grande y tus hechos crecerán.
Piensa en pequeño y quedaras atrás.
Piensa que puedes y podrás.
Todo esta en la actitud mental.
La batalla de la vida no siempre la gana
el mas fuerte o el mas rápido.
Tarde o temprano, aquel que gana,
es el que cree poder hacerlo.

Dr. Christiaan Barnard


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