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La mente de un hombre es como un jardin, el cual puede ser inteligentemente cultivado o desarrollarse agreste, salvaje; pero independientemente que sea cultivado o descuidado el siempre producirá. Ya sean semillas útiles o no siempre producirá lo que le sembraron lo bueno y lo malo.

Justamente como el Jardinero cultiva su terreno manteniéndolo libre de malas hierbas, haciendo crecer las flores y frutos que requiere, así también el hombre cultiva el jardín de su mente manteniéndolo libre de malas hierbas, lejos de todos los pensamientos inútiles e impuros y cultivando a la perfección las flores y frutos de los pensamientos correctos, útiles y puros.

Continuando este proceso el hombre tarde o temprano descubrirá que el es el único maestro de su alma, el director de su vida. También descubrirá dentro de si mismo las leyes del pensamiento y el

entendimiento con precisión, como las fuerzas del pensamiento y los elementos de la mente actúan sobre la formación de su carácter, circunstancias y destino.

Pensamiento y carácter son una sola cosa, y así como el carácter solamente puede manifestarse y descubrirse así mismo a través del medio y las circunstancias, son las otras condiciones externas de la vida de una persona que siempre deberán estar en armonía con su estado interno. Esto no significa que las circunstancias en determinado momento son la indicación de su carácter completo, pero estas circunstancias están íntimamente conectadas con algún elemento vital dentro de uno mismo que son indispensables para su desarrollo y existencia.

Todo hombre es lo que el es por la ley de su ser; los pensamientos que el ha construido y transformado en su carácter, que lo han llevado hasta donde esta, y es el arreglo de toda su vida que no tiene elementos de escogencia, pero es el resultado de una ley que no tiene errores. Esto es una verdad para todos quienes se sienten que no están en armonía con su medio circundante y también para los que están contentos con ello.

Como el ser es progresivo y evolutivo, el hombre es lo que el es y esta donde esta por lo tanto puede aprender y puede también crecer, y es asi como va aprendiendo las lecciones espirituales que cada circunstancia tiene para el, que pasan y dan lugar a otras circunstancias.

El hombre es azotado por las circunstancias tanto , cuanto y como el siga creyendo que es una creación de las condiciones externas, pero cuando se da cuenta de su poder creativo y que puede dirigir la tierra oculta y las semillas de su ser del cual surgen las circunstancias, entonces el llegara a ser el verdadero maestro de si mismo.
Las circunstancias surgen de los pensamientos, esto lo sabe quien ha practicado por algún tiempo el autocontrol y la auto-purificación, y sabe que la modificación de sus circunstancias son en igual medida que la modificación de su condición mental. Asi que la verdad de esto es que cuando un hombre honestamente trata de aplicarse a si mismo esto para remediar sus defectos en su carácter, y hace un cambio y obtiene progreso, entonces ten la seguridad de que pasara rápidamente la sucesión de vicisitudes.

Cada pensamiento semilla sembrado o alojado en la mente y echa raíces, produce lo suyo, tarde o temprano se transforman en actos y nos llevan sus frutos de oportunidades y circunstancias. Los buenos pensamientos cosechan buenos frutos, y los malos pensamientos cosechan malos frutos.

El mundo exterior de las circunstancias toma forma en el mundo interior de los pensamientos, y ambas condiciones externas placenteras y no placenteras son los factores que hacen el ultimo producto del individuo. Asi como el agricultor obtiene su propia cosecha, asi el hombre aprende por ambos, por el sufrimiento y la felicidad. Siguiendo los mas inimaginables deseos, aspiraciones, pensamientos por los cuales el es dominando por su propia voluntad, el hombre alcanza a cosechar los frutos de la condición que ha creado para su vida. Las leyes del crecimiento y desarrollo se cumplen en cualquiera y puedes ser probadas por cualquiera.

Las circunstancias no hacen al hombre, sino que revelan lo que el es. No puede existir tal condición de que haga descender al hombre hasta lo mas bajo y hacerlo sufrir a como las inclinaciones hacia los vicios; o hacerlo ascender hacia las mayores virtudes y gran felicidad sino es a través del cultivo de las aspiraciones virtuosas; y el hombre es el amo y señor de sus pensamientos, es el maestro de el mismo, es el creador de su ambiente. Desde que nace su alma es única y a cada paso va forjándose en una amalgama de condiciones que al final se revela asimismo que es el reflejo de sus purezas e impurezas, sus fortalezas y debilidades.


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Un famoso samurai fue una vez a ver a un monje anciano.
– Monje – ladró el samurai, con la voz de quien está acostumbrado a que le obedezcan al instante- enséñame sobre el cielo y el infierno.

El monje miró al poderoso guerrero y le respondió con sumo desdén:
– ¿Que te enseñe sobre el cielo y el infierno? Nada puedo enseñarte. Eres un tonto. Eres indecente. Eres una deshonra, una vergüenza para la estirpe de los samurais. ¡Fuera de mi vista! ¡No te tolero!

El samurai se puso furioso. Con el rostro enrojecido por la ira, incapaz de pronunciar una palabra, desenvainó su espada para matar al monje.

El monje miró al samurai fijamente a los ojos y le dijo suavemente:
– Eso es el infierno.

El samurai quedó paralizado, comprendió cuán piadoso era aquel monje que había arriesgado su vida para explicarle qué era el infierno.

Bajó la espada y cayó de rodillas ante él, lleno de gratitud.

Entonces el monje dijo, suavemente:
- Y eso es el cielo.

Parábola Zen

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La libertad es realmente un estado mental en el que no existen el miedo ni la compulsión ni el apremio de la seguridad.

Casi todos queremos sentirnos seguros, ¿no es así? ¿Acaso no deseamos que se nos diga qué personas tan maravillosas somos, qué hermosos nos vemos, o qué inteligencia extraordinaria tenemos? De otro modo no pondríamos siglas a continuación de nuestros apellidos. Todo ese tipo de cosas nos brinda confianza en nosotros mismos, nos da una sensación de ser importantes. Todos deseamos ser personas famosas – y en el momento en que deseamos ser algo, ya no somos libres.

Por favor, vean esto, porque es la verdadera pista hacia la comprensión del problema de la libertad. Tanto en este mundo de los políticos, el mundo del poder, de la posición y la autoridad, como en el así llamado mundo espiritual – donde uno aspira a ser virtuoso, noble, santo -, en el momento en que deseamos ser “alguien”, ya no somos libres. Pero el hombre (o la mujer) que ve el absurdo de estas cosas y cuyo corazón es por ello inocente y, en consecuencia, no está movido por el deseo de ser “alguien”, ese hombre es libre. Si ustedes comprenden la sencillez de esto, también verán su extraordinaria belleza y profundidad.

Después de todo, los exámenes tienen ese propósito: darnos una posición, hacer que uno sea “alguien”. Los títulos, la posición y el conocimiento nos estimulan para que seamos alguna cosa especial. ¿No han advertido cómo sus padres y maestros les dicen que uno tiene que “llegar a algo” en la vida, que debe tener éxito, como lo tuvo el tío de uno o el abuelo? O que uno debe tratar de imitar el ejemplo de algún héroe, de ser como los maestros, los santos; y así jamás son ustedes libres. Ya sea que sigan el ejemplo de un gurú, de un santo, de un maestro o de un pariente, o se adhieren a una tradición en particular, todo eso implica de parte de ustedes una exigencia de ser algo o alguien; y es solamente cuando comprenden este hecho que hay libertad.

La educación tiene, pues, la función de ayudarles desde la infancia a no imitar a nadie, sino a ser Ustedes mismos todo el tiempo. Y ésta es una de las cosas más difíciles de realizar; ya sean ustedes feos o hermosos, ya sientan envidia o celos, que sean siempre “lo que son”, pero comprendiéndolo. Ser nosotros mismos es muy difícil, porque pensamos que eso que somos es innoble, y que si sólo pudiéramos cambiar lo que somos en algo noble, sería maravilloso – pero eso no sucede jamás. Mientras que si miramos lo que realmente somos y lo comprendemos, entonces en esa comprensión misma hay una transformación. De modo que la libertad radica, no en tratar de convertirse en algo diferente, ni en hacer lo que se nos ocurra que tenemos ganas de hacer, ni en seguir la autoridad de la tradición, ni la de nuestros padres, o la de nuestro gurú, sino en comprender lo que somos de instante en instante.


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No imitar, sino descubrir, eso es la educación, ¿no es así? Es muy fácil ajustarse a lo que les dicen sus padres, sus maestros o la sociedad. Es una manera segura y cómoda de vivir; pero eso no es vivir, porque en eso hay temor, deterioro, muerte. Vivir es descubrir por uno mismo aquello que es verdadero, y uno puede hacer eso únicamente cuando hay libertad, cuando existe una constante revolución interna.
Pero a ustedes no se les alienta para que hagan esto; nadie les dice que cuestionen, que descubran por sí mismos qué es Dios, porque si se rebelaran se volverían un peligro para todo lo que es falso. Sus padres y la sociedad desean que vivan seguros, y también ustedes desean vivir sin riesgo alguno. Vivir así significa generalmente vivir en la imitación y, por tanto, en el temor. Y el sentido de la educación es, ciertamente, el de ayudarnos a cada uno de nosotros a que vivamos libremente y sin temor. Y para crear una atmósfera en la que no exista el temor, se requiere de muchísima reflexión, tanto de parte de ustedes como del maestro, del educador.
El mundo está desgarrado por creencias en conflicto, por diferencias de clase o de casta, por nacionalidades separativas, por todas las formas de estupidez y crueldad, y éste es el mundo en que se los educa para que encajen en él. Se los estimula para que encajen en la estructura de esta sociedad desastrosa; sus padres desean que hagan eso, y también ustedes desean encajar en esta estructura.

¿Sabe usted lo que significa aprender? Cuando uno está realmente aprendiendo, aprende a lo largo de toda su vida, y no hay un maestro especial del cual aprender. Entonces todo es enseñanza para uno – una hoja muerta, un pájaro en vuelo, un perfume, una lágrima, el rico y el pobre, la sonrisa de una mujer, la arrogancia de un hombre. Uno aprende de todas las cosas; por lo tanto, no hay guía alguna, ni filósofo, ni gurú. La vida misma es nuestro maestro, y nos hallamos en un estado de constante aprender.


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Uno de los procesos iniciales que atraviesa quien abre su mente es el de “deformación”, ya que ese es el proceso previo a la “nueva forma”.

De la misma manera que un trozo de roca puede ser sacado de su roca madre, este mismo puede seguir encajando en el lugar donde estaba siempre y cuando no haya cambiado su forma, puedes volverlo a colocar y encajará perfectamente.

Ahora bien, si con ese trozo de roca tallas una pieza, realizas una obra de arte, expresas, como buen artista, lo mas profundo de tu ser y muestras quien eres, verás que muchos resonarán con tu obra pero, en principio, esa nueva pieza que has tallado, esa pieza que eres tu mismo, ya no podrás volverla a poner en su roca madre. Es un proceso físico, es lógico y hasta puedo decir que es una ley natural.

Al abrir tu mente has cambiado, has pasado a ser tu propia obra de arte, has salido de una roca madre configurada por un entorno y un sistema social. El estado que experimentas inicialmente puede que parezca de soledad, pero es de integridad, de autosuficiencia. Es el espacio intermedio entre el ser extraido de la roca y convertirte en obra de arte. Sigue resonando, el camino entre dos caminos parece desierto, pero es camino.

Si estamos de acuerdo en que vivimos en una sociedad enferma no parece un buen síntoma encajar en ella. No pretendas que todos te acepten y compartan tu opinión, no busques acuerdo afuera, buscalo adentro. Si ya despertaste verás que fue tu DECISION la que te llevó a eso, Permítele a los otros tomar libremente sus decisiones. Ellos son, al fin y al cabo, una creación de tu mente. Una muestra de que aun tienes, tenemos, cosas que trabajar.

Despertar es un camino que se recorre solo pero que nunca se transita en soledad, sino en completud.

Como dijo Ludwig Van Beethoven, “Tuve que quedarme sordo para permitirme escuchar todas las melodías que tenia en mi interior”


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Reclama una nueva medicina, la que tenga en cuenta la capacidad de curar de la energía, mucho más eficaz que los medicamentos. Bruce Lipton (Estados Unidos, 1944) ha conseguido aunar ciencia y espíritu. No es poco mérito el suyo si tenemos en cuenta lo “alérgicos” que son los científicos a los temas trascendentales. Es doctor en Biología Celular y fue pionero en la investigación con células madre. Sus estudios sobre la membrana celular y las modificaciones de las células según el entorno sentaron las bases de la nueva epigenética. Sus descubrimientos (que iban en contra de la opinión científica establecida de que la vida es controlada por los genes) y el estudio de la física cuántica le han llevado a criticar duramente la medicina convencional. Es autor de libros como La biología de la creencia y La biología de la transformación.

Usted asegura que la medicina convencional va por muy mal camino. ¿Tan peligrosos son los medicamentos que nos recetan?
Nos dan medicamentos para la enfermedad, pero esto causa muchos problemas en el cuerpo. Porque esta medicina basada en la farmacología no entiende cómo está interrelacionada toda la bioquímica del organismo. Cuando tomo una pastilla química y la introduzco en mi cuerpo, no solo afecta a aquel lugar donde tengo el problema, sino que afecta a muchas otras cosas a la vez. Son los llamados “efectos secundarios”. Pero, en realidad, no son secundarios sino directos. No entienden que el efecto de las drogas no solo crea un efecto sino múltiples. Según las estadísticas en EEUU, ¡los fármacos matan allí a más de 300.000 personas cada año! Y esas personas son muchas más que las que mueren por tomar drogas ilegales. Hay algo que no funciona en la ciencia médica. Hace algunas cosas bien, como la traumatología, pero está matando a mucha más gente de la que ayuda. Tiene que aprender cómo funcionan las células.

¿Y qué ha descubierto sobre las células pero que no tiene en cuenta la medicina?
Yo ya trabajaba con ellas en los años 60. Fui un pionero porque en esa época había muy poca gente trabajando en ello. Y un experimento que hice en esa época cambió la idea que tenía del mundo. Puse una célula madre en un plato petri y, como cada diez horas se divide en dos, al cabo de dos semanas, tenía miles de células, todas idénticas. Luego cogí algunas de ellas, las coloqué en otro plato y cambié el entorno celular (son más como peces porque viven en un entorno fluido). Cambié la química en ese plato y ahí formaron músculo. Después, cogí otras del primer plato y las puse en un entorno diferente, y se formó hueso, y otras se convirtieron en grasa al volver a cambiar el entorno. Entonces, la pregunta es muy sencilla, ¿qué controla el destino de las células? Todas eran idénticas, lo único que era diferente era el entorno. Cuando cojo células sanas y las coloco en un entorno nocivo, la células enferman y mueren. Si un médico las mirara, diría: “¿Qué medicina hay que darles?” ¡Pero no hace falta ninguna medicina! Les cambias el entorno nocivo, las colocas en uno sano y saludable y las células sanan. Los humanos somos una comunidad de 50 trillones de células, por tanto, la célula es el ser viviente y la persona es una comunidad. ¡El humano es un plato petri cubierto de piel!

La industria farmacéutica no quiere que sanes sin comprar sus fármacos. ¿Se puede poner energía en una cápsula?

¿Cuál es el entorno de la célula que hay que cuidar?
Dentro de mí hay 50 trillones de células y el entorno celular para nosotros es la sangre, por ello la composición de la sangre cambia el destino de la célula. ¿Y qué controla la sangre? Pues el sistema nervioso, que crea una química diferente según el sistema exterior. La célula y el ser humano son la misma cosa. Por ello, si pongo al ser humano en un entorno nocivo, igual que la célula, también enferma. Si lo trasladas a un entorno sano, entonces sana. Por tanto, la medicina culpa a las células por la enfermedad y trata de cambiar la química de las células, pero ese no es el problema, el problema es el entorno. Y si cambias a la persona de entorno, sin medicamentos, el cerebro cambia la química. El cerebro de la célula y el de la persona leen y entienden el entorno.

En un entorno sano, ¿nos curamos automáticamente? ¿Así de fácil?
No es tan fácil, porque la mente interpreta. Puede suceder que estemos en un entorno muy sano y que la mente lo lea como un entorno negativo o perjudicial. Entonces crea una química que hará a mi cuerpo enfermar. La diferencia entre la célula y el ser humano es que este tiene una mente que hace una interpretación y la célula lee el entorno directamente. Si metes un programa con errores en la mente, entonces la química que genera no está en armonía con la vida. Y esto nos sirve para entender cómo funciona un placebo. Cambio mi creencia y pienso que esto me va a sanar, tomo una píldora porque creo que esto me va a traer salud, y me mejora y me sana, pero la píldora podría ser de azúcar, en realidad no ha hecho nada, han sido mis creencias. Y a eso lo llamamos pensamientos positivos y efecto placebo.

¿Está diciendo que el efecto placebo –creer que algo nos sanará– es más curativo que un medicamento? Pero no hay casi investigaciones sobre eso.
Sí, tienes razón. ¿Eres consciente de que hay más de una manera de hacer energía sin tener que depender del petróleo? Pero seguimos dependiendo del petróleo porque no interesa el cambio a los que controlan la energía. Lo mismo pasa con las empresas farmacéuticas. Venden fármacos y ¿poder sanar sin fármacos es bueno o malo para la industria farmacéutica? No quieren que sanes sin comprar sus fármacos. ¿Se puede poner energía en una cápsula? Si fuera así, las farmacéuticas intentarían vendértela. Si puedo sanar sin usar medicamentos, la industria que los produce no gana dinero. Deberíamos poder decir que la ciencia está separada de la industria farmacéutica, pero no es así, porque con el dinero de esta se paga el desarrollo de la ciencia, y ese dinero solo va esos estudios que dicen que las drogas funcionan. El dinero controla la ciencia.

Explíquenos cómo funciona ese poder que dice que tiene la mente para la autocuración.
He hablado de que la mente controla: si piensa de una manera, se va en una dirección y, si piensa de otra, se va en otra. Por ejemplo, cierro los ojos, los abro y veo a alguien a quien amo. Entonces mi cerebro segrega dopamina, oxitocina, etc. Lo puedo sentir en mi cuerpo, puedo sentir el amor, y esa química trae salud a las células. Por eso, quien se enamora se siente tan bien. Pero si abro los ojos y veo algo que me asusta, segrego hormonas del estrés. Y estas hacen dos cosas. La primera es que frenan el crecimiento del cuerpo. Porque si me está persiguiendo un león, necesito toda la energía para poder escaparme, y mi organismo apaga todo lo que no sea imprescindible para correr más rápido, así que se paraliza todo lo que tiene que ver con el crecimiento. La gente no lo sabe, pero tienes que crecer todos los días, porque, si no, te mueres. Cada día cientos de billones de células mueren y tienes que ir produciendo nuevas. Cada tres días, el sistema digestivo renueva sus células, pero si se intefiere con ese crecimiento, entonces no puedo estar sano porque estoy perdiendo demasiadas células al día, por eso la quimioterapia hace que se caiga el pelo y crea problemas de digestión, porque mata todas las células, no solo las del cáncer. La segunda consecuencia de las hormonas del estrés es que se cierra todo aquello que usa energía, y el sistema inmunitario usa muchísima energía: cuando estás enfermo, te sientes muy cansado porque tu energía la está usando el sistema inmunitario.

Si pones al ser humano en un entorno nocivo, igual que la célula, enferma. Si lo trasladas a un entorno sano, entonces sana

Eso significa que el estrés nos hace enfermar, ¿no?
Las hormonas del estrés apagan el sistema inmunitario, incluso la medicina usa este efecto en algunas ocasiones. Por ejemplo, si me trasplantaran un corazón, mi sistema inmunitario lo rechazaría. En esos casos, los médicos dan hormonas del estrés y eso impide que funcione el sistema inmunitario. Es tan claro que suprime el sistema inmunitario que lo usamos como un medicamento. Cuando la persona está bajo estrés, afecta de dos maneras: la primera es que deja de haber crecimiento y la segunda es que se apaga el sistema inmunitario. De esta forma, virus nocivos pueden atacarme fácilmente. Cuando estás bajo mucho estrés, te enfermas. Y debo decir que, si tomamos una muestra de sangre de cada persona, descubrimos que todos tenemos células cancerígenas. Las tenemos siempre, pero si está funcionando el sistema inmunitario, no pueden crecer. Una vez que se apaga el sistema  inmunitario, proliferan. Es como el catarro: no tienes que coger el virus, ya lo tienes dentro. Son organismos oportunistas. El 90 por ciento de la gente que va al médico es debido al estrés, y también el cáncer funciona igual.

Explíquenos qué es la medicina cuántica o medicina de la energía.
Como decía, la primera razón por la que la medicina de hoy es cuestionable es porque los médicos no saben cómo funcionan las células. La segunda es que la medicina está basada en la física de Newton. No reconoce la energía, esa parte invisible, las señales electromagnéticas. Pero, a principios del siglo XX, apareció la física cuántica, que dice que todo es energía, lo que podemos ver y también lo invisible. Si miras dentro del átomo, hay electrones, protones, neutrones. ¿Y qué hay dentro? Energía. La ciencia más reciente indica que el cuerpo responde a la física cuántica, no a la newtoniania. La medicina dice que quiere cambiar la química del organismo con drogas y la nueva medicina dice que hay que cambiar la energía. Y esta nueva medicina, la cuántica, es mucho más poderosa, porque responde primero el campo energético que el físico.

La mente es energía. Cuando piensas, transmites energía, y los pensamientos son más poderosos que la química

Si todo es energía, ¿los pensamientos también? ¿Cómo influyen en nuestra salud?
La mente es energía. Cuando piensas, transmites energía, y los pensamientos son más poderosos que la química. Así que esto es peor para las empresas farmacéuticas porque no lo pueden vender. Por tanto, no les interesa una conexión entre la mente y el cuerpo. Pero es cierto que las propias creencias se convierten en un campo energético, una transmisión, y esta se transforma en una señal que es capaz de cambiar el organismo. Y así es como funcionaba la sanación antes del desarrollo de la medicina. La gente sanaba con los chamanes, con las manos… pero eso no puede vender y por eso la medicina no quiere ir por ese camino. Y es la razón por la que yo cambié mi carrera. Estaba enseñando en la universidad que hay que seguir con drogas y sabía que eso no era verdad. La medicina lo conoce, pero no habla de ello. Sabe que el pensamiento positivo, el placebo, puede sanar, y también que el pensamiento negativo puede matar. Uno se llama placebo y el otro nocevo. En realidad, no es que sea positivo o negativo, es la manera de pensar. Si el médico te dice que tienes cáncer, aunque no tengas cáncer, si lo crees, crearás la química que generará cáncer. Por tanto, el problema no es tanto el entorno real sino el que tú interpretas.

Y eso enlaza con la física cuántica.
Totalmente. Por eso no funciona la medicina, porque no reconoce la ciencia cuántica. No mira hacia ahí porque el dinero está en otro lado.

Usted ha explicado que, en la mente, quien realmente tiene el poder es el subconsciente, ¿por eso es tan difícil cambiar hábitos de pensamiento?
Es millones de veces más poderoso y más importante que la mente consciente. Utilizamos el subconsciente el 95 por ciento del tiempo.

Pero no lo podemos controlar.
Lo puedes reprogramar. La información del subconsciente se recibe en los primeros seis años de vida. Eso que aprendiste en esos años se convierte en el conocimiento fundamental de tu vida. Por tanto, hay muchos estudios que demuestran que las enfermedades que tenemos de adultos, como el cáncer, tienen que ver con la programación y el entorno que vivimos en los primeros seis años de vida.

Los comportamientos que vienen del subconsciente no los percibes y pueden estar haciéndote daño

Es decir, los niños absorben también sus enfermedades o sus actitudes negativas, y así se ‘programa’ su subconsciente. ¡Qué gran responsabilidad para los padres!
La gente, cuando oye esto, se preocupa, se culpa. Pero no eres culpable si tú no sabes que el subconsciente funciona así. No lo sabían nuestros padres, ni nuestros abuelos ni bisabuelos. Ahora bien, cuando lo entiendes, tienes que cambiar tu manera de vivir, porque entonces sí eres responsable. Está demostrado que si un niño adoptado vive en su familia casos de cáncer, en su madurez puede padecer cáncer aunque su genética sea diferente. Sería algo así como conducir un coche: si te enseñaron a conducir mal y has automatizado esa forma de conducir, pues lo más probable es que tengas accidentes. Si te enseñaron a maltratar tu cuerpo con mala información, destruirás el vehículo de tu cuerpo, cuyo conductor es la mente. El futuro es una mejor educación para los niños, incluso en la etapa prenatal.

¿Podemos reprogramar el subconsciente para estar más sanos o ser más felices con nuestra vida?
Los comportamientos que vienen del subconsciente no los percibes y pueden estar haciéndote daño. Quizás te sientes enfermo y echas la culpa a otra cosa. Al cambiar estos programas erróneos en el subconsciente, puedes recrear toda tu vida. Hay varias maneras de hacerlo. Se piensa que, cuando la mente consciente registra algo, la subconsciente también filtra esa informacion, pero no es así. La mente consciente es creativa y la subconsciente trata de todos los hábitos. Si le enseñas al subconsciente algo diferente, se lo enseñas también a la consciente, pero no al revés. Por ello, la manera de reprogramar es repetir y repetir hasta que se crea un hábito. Si leo un libro de autoayuda, mi mente consciente dice: “Sé todo lo que hay en el libro y lo aplico”, pero la subconsciente no se entera de nada. Entonces, piensas: “¿Por que sé tanto y todavía mi cuerpo no funciona?”. Los pensamientos positivos, el conocimiento… solo funcionan el 5% del tiempo, pero el 95% son los hábitos que tengo desde mi niñez. Y esa es la razón por la que los pensamientos positivos no son suficientes. Ayudan, pero no ves muchos resultados. Todo sigue igual hasta que no cambias el subconsciente. Técnicas de psicología basadas en la energía como la hipnosis o el Psych-K son una manera de cambiar el subconsciente, es como un aprendizaje rápido.

Con su investigación, ha aunado ciencia y creencia, un binomio que evita la mayoría de los científicos. ¿Usted cree en la eternidad?
Absolutamente, sí. No hay dos personas iguales, y lo digo desde el punto vista biológico. Si cojo mis celulas y las tralado a tu cuerpo, no soy yo, el sistema inmunitario las rechaza. En las células hay como una especie de antenas en miniatura. Son receptores y algunos son autorreceptores. Tú tienes diferentes autorreceptores a los míos. Pero los receptores reciben las señales del entorno. Si corto esos receptores, la célula no tiene ninguna identidad, porque no le viene de dentro sino de fuera. Para explicarlo de forma gráfica, diría que el cuerpo es como un televisor: mis antenas captan y reproducen el programa televisivo de Bruce. Esos receptores recogen esa transmisión. Si estoy viendo la tele y se estropea el tubo de la imagen, ha muerto el televisor, pero sigue la transmisión. Así que cojo otra, la enciendo, conecto el canal y vuelvo a ver el programa de Bruce, pero en otra tele, o lo que es lo mismo, en otro ser. Si ese ser tiene los mismos receptores que tienes tú, volverás a estar trasmitiendo lo mismo, pero en otro cuerpo. Esto explica la reencarnación y quiere decir que el cuerpo puede ir y venir, pero la transmisión siempre está ahí.

¿Eso le hizo creer que tenemos espíritu?
Nunca había creído en el espíritu, pero cuando comprobé esto en la célula, me cambió la vida entera. La pregunta que me planteé es: ¿por qué esa duplicidad?, ¿por qué tener un espíritu y un cuerpo? Y la respuesta vino de mis células: si solo existiera el espíritu, ¿a qué sabe el chocolate?  Solo con la parte espiritual, ¿cómo vivir una puesta de sol? ¿Qué se siente cuando se está enamorado? Todas esas sensaciones vienen de las células del cuerpo, que puede oler, sentir, tener experiencias. Recoge todo eso, lo transmite al cerebro. Se convierte en vibraciones y lo transmite a la fuente del ser. Si se muere mi cuerpo, mi fuente de ser y mi espíritu tienen la memoria hasta que tenga otro cuerpo. La lección más importante es que estar vivo es un regalo, una alegría por todo lo que podemos sentir. Cuando hagamos eso, todo el mundo estará sano.


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“Todo problema tiene su solución, solo se trata de saber a quien hay que matar. Si un bicho pica hay que matar; si un bicho come hay que matar; si me da asco hay que matar; si son muchos hay que matar; si entran a la casa hay que matar; si es desconocido hay que matar; si se descubre uno nuevo hay que matar; si me quemo con la leche hay que extinguir a la vaca; si alguien me dice asesino hay que matar a quien lo dice.”
(…)
“La agronomía es la ciencia de llevar a la práctica nuestras fobias: si vemos una vaca pastando, no se nos cruza pensar que va a exterminar al pasto; si vemos hormigas podando una planta, nos invade un ataque de asma financiero, una epilepsia visceral, una locura violenta, y acometemos criminalmente contra ellas. (A veces sin una justificación económico-financiera) poniendo en peligro a los microbios del suelo, lombrices, pájaros, insectos y la salud de las personas.”

Colección permacultura – “Mis amigos los bichos”

Compartido por Flor Sangoi.

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