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Cuando uno mira a su alrededor es fácil sentirse frustrado, molesto, incluso disgustado con las circunstancias que nos rodean. Solo hace falta echar una ojeada a los medios de comunicación para observar el panorama actual, y encontrar varios motivos para la crítica, la manifestación, la lucha… Pero quizá no nos es tan fácil mirar a nuestro interior y observar cuántas de estas características del mundo exterior que tanto nos molestan también se expresan en nuestro interior en forma de actitudes, creencias y acciones.

Al quejarnos de corrupción política deberíamos ver si nosotros intentamos hacer algo, por mínimo que sea, para pagar menos impuestos o lucrarnos de forma no enteramente legal. Incluso si somos o no siempre sinceros y actuamos con claridad y actitud de servicio y no por nuestro propio interés. Si nuestra lucha es el hambre en el mundo y no ponemos nuestra atención al origen y proceso de los alimentos que consumimos, ni a nuestra justa y correcta nutrición. Si nos preocupamos por la salud medioambiental del planeta pero hemos perdido el contacto con la naturaleza y hacemos poco en nuestra cotidianidad para contribuïr a su mejora. Si nos preocupan las injusticias sociales pero luego somos injustos con las personas de nuestro alrededor, actuando en beneficio propio y no para el bien común. Si nos molesta la crisis y la situación financiera actual, pero somos clientes de los bancos que la crearon y nuestras actitudes son de avaricia y de acumulación monetaria, etc. Sobre cada tema que nos gustaría cambiar deberíamos observar en primer lugar aquellas actitudes parecidas que albergamos y luego aquello que hacemos, nuestras acciones. La crítica debe venir desde la coherencia en nuestras acciones, actitudes y pensamientos.

La crítica, la manifestación y el salir a las calles es necesario, pero debe nacer de nuestra coherencia y compromisos internos. Sino simplemente estamos otorgando el poder del cambio a los mandatarios de los que tanto nos quejamos. Con indagación personal y luego con la acción coherente tenemos mucho más poder para cambiar las cosas que solo con la queja. De esta forma no dependemos de nada ni de nadie más, somos libres para iniciar nuestra propia revolución interior.

“Sé el cambio que quieres ver en el mundo” Mahatma Ghandi

Marta Marcé


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Imaginemos alguna de las acciones que realizamos a lo largo del día de forma rutinaria. Puede ser conducir al trabajo, lavar los platos, ducharnos o cualquier otra cosa que hagamos de forma habitual. Para hacer lo que tengamos que hacer, no necesitamos estar ordenando de forma consciente todas las acciones que componen lo que estemos haciendo, Ejemplo: no tengo que pensar en: pongo la pasta de dientes con la mano derecha sobre el cepillo, acerco el cepillo a los dientes, muevo el cepillo de determinada manera sobre los dientes… Se hace de forma automática. Como la mente consciente no está ocupada, lo que normalmente pasa es que nos ponemos a pensar en cualquier otra cosa. Así estamos lavándonos los dientes pero nuestra mente está intentando solucionar de forma dispersa mi conflicto con la comunidad de vecinos. Si mientras me estoy lavando los dientes intentara simplemente lavarme los dientes, es decir, sentir las sensaciones de los pelitos del cepillo sobre los dientes o encías, escuchar los sonidos pequeñitos que hace el cepillo al moverse, el contacto de mi mano con el cepillo, o cualquier sensación que se genere en ese momento, eso es meditación. La mente queda calmada, presente a lo que está sucediendo a cada instante, sin juicios ni categorizaciones.

Vivimos en una época donde nos es muy difícil estar presentes. Necesitamos estar haciendo mil cosas a la vez para sentir que estamos haciendo algo, cuando realmente no nos estamos enterando de nada de lo que hacemos. Como mientras miro la televisión y contesto mensajes en el whastapp. Somos adictos al multitasking. Lo único que conseguimos así es tener una mente sobresolicitada y estresada, que se requiere en todo momento y en diferentes tareas a la vez. Por eso es tan usual encontrarnos dispersos, sin energía o con dificultad para tomar decisiones, porque somos incapaces de dejar la mente presente a cada instante y utilizar sus capacidades de imaginación o resolución en los momentos que es realmente necesario.

La meditación es gratuita y muy fácil de poner en práctica. No hace falta ningún profesor ni gurú. Quizá nos costará un poquito dejar atrás estos malos hábitos comentados, pero cuando le damos a nuestra mente estos momentitos de relax, sientan tan bien que nos invitan a seguir adelante. Solo hace falta concentrarnos en aquello que está sucediendo AHORA, si estás leyendo este texto deja ir cualquier otro pensamiento que no tenga que ver con lo que estás leyendo. Evita mirar la hora, el móvil, la tele o escuchar música. Siente que te genera cada frase, cualquier sensación que aparezca en el cuerpo, relee cualquier frase que no hayas entendido en su totalidad. Y si aparece algún pensamiento puedes observarlo en la distancia,, pero volver a dejarlo marchar. Y si no te sale hoy, no pasa nada, evita juzgarte.

Quizá luego te puedes llevar este ejercicio a comer: sentir cada vez que masticas, el sabor de los alimentos, que sensaciones genera cada alimento…seguro que así nos evitaremos muchos dolores de estómago. O a las relaciones personales: cada conversación, gesto… Sentido plenamente sin dispersarnos. Quizá así seríamos más sensibles, más sinceros. Lo más probable es que en algún momento nos sintamos atraídos hacia la idea de sentarnos o tumbarnos cómodamente a simplemente estar con nosotros mismos, escuchar nuestro cuerpo, observar los pensamientos y dejarlos pasar… Construyendo una práctica de meditación en si, que facilita y amplía el poder de la meditación en cada uno de nuestros actos diarios.

De pequeña en pequeña práctica, estos momentos de presencia se pueden convertir en un estado, donde la mente interviene cuando es solo necesario pudiendo funcionar de forma óptima y el resto del tiempo nos mantenemos presentes, tranquilos y disfrutando del presente. La meditación deja de ser un acto aislado para acompañarnos a cada instante.

Marta Marcé


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Cierto tipo de argentino no puede procesar las derrotas deportivas y siente que tiene que encontrar sí o sí un chivo expiatorio. No se puede jugar mal al fútbol y listo: alguien tiene que ser cagón, traidor, displicente, pecho frío. Si perdimos (no importa que sea en la final del mundo, 1 a 0, en alargue, faltando un par de minutos y con el que a todas luces fue el mejor equipo de torneo) alguien en la cancha no representó con la masculinidad suficiente a esa potencia mundial que somos como país nosotros, los que lo vimos por la tele tomando cerveza. El fútbol nos sirve de excusa para medirnos la poronga como nación, y si resulta que un equipo nos gana, de repente nos la vemos chiquita y nos sale de adentro señalar a algún supuesto hijo de puta, porque las victorias que nos hacen sentir poderosos son muy nuestras, pero en las derrotas nos brota el Ramón Díaz y decimos “ah, pero yo no perdí, fue él”.

Messi, es cierto, no jugó como esperábamos en los últimos partidos. Pero no basta con remarcar que en vez de jugar para diez puntos jugó para siete: hay que decir que es cagón, puto, vigilante, que se escondió, que no pidió la pelota, que los huevos los tiene Mascherano (otra falacia que nos encanta creer para sentirnos más “hombres”: que los partidos se ganan sólo con huevos, traducidos en correr y gritar), que Maradona era mejor, que Pelé era mejor, que cualquier pelotudo que anda dando vueltas por ahí era mejor. Y entramos en una lógica ilógica en el que un tipo que disfruta de apilar muñecos y clavarla en un ángulo como nadie (porque no hay manera de ser excelente en algo si no lo gozás), está jugando el partido que todo futbolista sueña con jugar y de pronto le da lo mismo ganar que perder. O le da miedo, o no soporta la presión. Justo él, que ganó todo y gambeteó a todos y vive con cien millones de ojos encima (o en todo caso, si de verdad la tensión lo desbordó, ¿no está en su derecho? ¿No es humano? ¿Eso lo hace merecedor de insultos?).

Lo único que separó al “pecho frío” de Messi de un héroe nacional fue que el tiro libre del final no entró. Ahí sí hubiéramos sido nosotros los que pateamos a través de su pierna y llevamos a la Argentina al lugar adonde creemos que tiene que estar en todos los órdenes de la vida:el escalón más alto del podio, el oro, el trofeo, la gloria indiscutible. Ahí sí sentíamos al 10 como nuestro, porque era tan perfectísimo como nos creemos nosotros y nos daba lo que más queremos en el mundo: que nadie nos pueda decir “che, parece que somos mejores que ustedes en esto”. Que haya 207 países de FIFA abajo nuestro (incluido Brasil) y sólo uno arriba no importa:alguien tiene que pagar con su sangre por esta insoportable humillación.

Yo quería ganar. Yo quiero ganar siempre. Yo grito y puteo y me enojo porque quiero ganar hasta jugando al papi fútbol los sábados. No festejo el subcampeonato: yo quería la copa. Pero no se me va la hombría en reconocer que, esta vuelta, alguien jugó un poquito, apenas, mejor que yo. Y mucho menos voy a tratar de salvar una identidad nacional ficticia e inflamada por la soberbia despedazando a uno de los mejores jugadores de la historia, el cual, por suerte, tiene puesta la camiseta que más quiero.

Diego Mancusi

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Philani Dladla es un joven sudafricano que, en lugar de pedir limosnas como muchos jóvenes en extrema pobreza en su país, ha conseguido una forma de conseguir dinero: la promoción cultural. En una de las calles de Johannesburgo, Dladla se sienta en su autoproclamado en la acera de Empire Road y ofrece reseñas de libros a las personas que pasan por allí. Y si las reseña les llama la atención, entonces les vende el libro.

Philani, quien no tiene reservas para leer y comentar sobre ningún género, dice que desea ser un “proveedor de felicidad y conocimiento” para todo tipo de lectores. Su tarea comenzó cuando un hombre les dejó a él y a su madre, una trabajadora de la salud, 500 libros como herencia. Desde entonces los vende entre 10 y 100 rands sudafricanos, un margen equivalente a 80 centavos de dólar y 8 dólares. Los libros más caros no son aquellos de mejor encuadernación o tamaño: Dladla reserva el más alto precio para aquellos títulos que más le gustaron. El dinero lo utiliza para cubrir sus gastos y comprar comida a sus amigos en situación de indigencia. Entre sus autores preferidos destaca el novelista John Grisham, pues según Philani “él trata la justicia social y creo que eso es algo que hace falta en el mundo”.

Fuente: prodavinci.com


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47 Ronin

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La película es una adaptación de la famosa “Leyenda de los 47 ronin”, que ya ha sido adaptada a la pantalla en varias ocasiones y que es considerada en Japón como una leyenda nacional, y pone de manifiesto el código de honor samurái por excelencia: el Bushido.

Nos encontramos en el siglo XVII, en el Japón feudal. Kai (Keanu Reeves, The Matrix) es un paria que se une al líder de los 47 Ronin, 47 guerreros sin amo que tuvieron que convertirse en outsiders después de que su señor fuera obligado a cometer sepukku (suicidio al estilo samurái), Oishi (Hiroyuki Sanada). Juntos lucharán por vengarse del traidor que mató a su señor y les condenó al destierro. Para restablecer el honor a su tierra natal, los guerreros se lanzan a una búsqueda plagada de duras pruebas capaces de destruir a cualquiera.

Nota: si no encontrás dónde verla, pedila en http://on.fb.me/Pvv4kL y te la conseguimos.


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La vida de un Rey

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Basada en hechos reales

Life of a King es la historia de Eugene Brown y su misión en solitario de dar algo a los niños del centro de Washington D. C. que él nunca tuvo: un futuro. Aprendió muchas lecciones para la vida a lo largo de su aprendizaje del ajedrez en la cárcel, encerrado durante 17 años.
Tras haber salido de la cárcel, Eugene se volvió a incorporar al mundo laboral y a la sociedad y fundó el club de ajedrez Big Chair para dar un futuro a los niños de la calle y prepararlos para hacer cosas en la vida de las cuales nunca hubiesen pensado de que serían capaces, debido a las malas condiciones de vida en las que se encontraban.

Una historia inspiradora y REAL sobre cómo una persona puede cambiar su entorno a través de la solidaridad.Un historia sobre prejuicios, sobre superación y sobre lograr lo que nos proponemos.

“No es lo que puedes o no puedes, es lo que quieres o no”

HIPER recomendada.

Nota: si no encontrás dónde verla, pedila en http://on.fb.me/Pvv4kL y te la conseguimos.

“Think before you move”


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Sanar mi árbol

Alejandro Jodorowsky:

“Cuando conoces los problemas que te transmite tu árbol genealógico hay que desidentificarse, haciendo de ese árbol una entidad danzante, aliada y luminosa. Somos portadores de los conflictos no solucionados de nuestro árbol, el cual arrastra mucho sufrimiento aunque también trae consigo muchos dones”.

“La psicogenealogía ayuda no sólo a sanar a los que están, sino a los que no están. A los antepasados que viven en nosotros y a los hijos de los hijos de nuestros hijos que aún no han nacido. Sanar un árbol genealógico es transmitir a las siguientes generaciones un ADN más sano.”

Sanar nuestro árbol, significa entender nuestro legado, darle forma a nuestro camino, encontrar similitudes y entender las repeticiones de las cuales hay que poder salir para encontrar nuestro propio destino. Muchas veces tratamos de borrar o silenciar lo que esta en nuestra base, solo encontrándole un lugar, dándole espacio para que se exprese podemos sanar. Como el ying-yang, donde hay cosas buenas hay cosas malas y viceversa, entendiendo los opuestos como unidos podemos comprender porque nos pasan las cosas en la vida. Al salir del lugar de victimas de las circunstancias y al colocarnos en lugar de actores de nuestra propia existencia podemos determinar nuestro futuro como la concreción de los sueños que deseamos. Al sanar nuestras raíces nos conectamos naturalmente con florecer la copa, nuestros pensamientos.

Todas las familias tienen temas a resolver, mochilas que cargamos a través de tres generaciones anteriores a la nuestra y al poder verlo, al poder encontrarle lugar a las piezas del rompecabezas podemos cerrar el círculo para empezar nuestro propio camino. Todas las familias encierran misterios, secretos, tabúes y hasta desgracias que muchas veces por protección se tratan de ocultar o maquillar pero solo a ponerlas a la luz y entender de donde vienen podemos salir de la eterna repetición.

Para sanar hay que abrazar, amar nuestros vínculos, entender que solo podemos ser quien somos si nuestros padres se encontraron, al igual que cada uno de los personajes que conforman nuestra familia. La sincronía del encuentro para dar nacimiento a tu ser. A mi me gusta pensar que uno elige a sus padres, que uno elige nacer en determinada familia con determinadas búsquedas a resolver, y como un Sherlock Holmes, buscando las pistas y entendiendo el camino podemos encontrar nuestra verdad, esa verdad que nos hace libres para ser uno mismo.

CONSEJO: ENRAIZATE

Cuando nos sentimos un poco en el aire, nos faltan raíces, nos encontramos sin base para poder florecer, por eso necesitamos de los árboles. Los árboles nos unen con la tierra, nos conectan con nuestras raíces, con nuestros antepasados, con nuestro árbol genealógico. Estar en armonía con las raíces hace que podamos tener un tronco con ramas frondosas para que llegado el momento pueda dar frutos.
ENRAICEMONOS para poder dar nuestros frutos a los que nos rodean, así plantaremos semillas a nuestro alrededor y nos sentiremos mejor…

“El daño se transmite de generación en generación: el embrujado se convierte en embrujador, proyectando sobre sus hijos lo que fue proyectado sobre él, a no ser que una toma de consciencia logre romper el círculo vicioso. No hay que temer hundirse profundamente en uno mismo para enfrentar la parte del ser mal constituido, el horror de la no realización, haciendo saltar el obstáculo genealógico que se levanta ante nosotros como una barrera y que se opone al flujo y reflujo de la vida.

En esta barrera encontramos los amargos sedimentos psicológicos de nuestro padre y de nuestra madre, de nuestros abuelos y bisabuelos. Tenemos que aprender a desidentificarnos del árbol y comprender que no está en el pasado: por el contrario, vive, presente en el interior de cada uno de nosotros. Cada vez que tenemos un problema que nos parece individual, toda la familia está concernida. En el momento en que nos hacemos conscientes, de una manera o de otra la familia comienza a evolucionar. No sólo los vivos, también los muertos. El pasado no es inamovible. Cambia según nuestro punto de vista.
Ancestros a quienes consideramos odiosamente culpables, al mutar nuestra mentalidad, los comprendemos en forma diferente. Después de perdonarlos debemos honrarlos, es decir, conocerlos, analizarlos, disolverlos, rehacerlos, agradecerles, amarlos, para finalmente ver el “buda” en cada uno de ellos. Todo aquello que espiritualmente hemos realizado podría haberlo hecho cada uno de nuestros parientes. La responsabilidad es inmensa. Cualquier caída arrastra a toda la familia, incluyendo a los niños que están por venir, durante tres o cuatro generaciones.

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